Abajo. -II-

Segunda entrega de esta serie de fragmentos que irán construyendo una micronovela desde una mirada que permanece en los márgenes: las personas con síndrome de Down y sus familias; una vivencia con características particulares en el contexto latinoamericano. La intención no es romantizar su situación, presentar lugares comunes, ni mucho menos estigmatizarla; sino mostrar una realidad a través de la mirada materna, rodeada por un contexto insensible y poco preparado como el que supone el “tercer mundo”.

ABAJOCOLUMNAS

Yobany García Medina / México

7/21/20262 min read

Me tomó de la mano. Todo saldrá bien, cariño. Sentía lo maltratado de su palma, el sudor y un leve apretón entre los dedos, constante, que no me daba ninguna tranquilidad. Es que… No me digas que tienes una intuición “materna”. Me molestó tanto el ademán de su boca, como si se burlara, y esa maña que tiene de chuparse el labio inferior, parece un niño. Tú misma te burlas de ese “superpoder femenino”, disque no existe. Ya verás que todo saldrá bien, lo dijo una vez más. ¡No lo sabes! Le grité desde las entrañas, muda, estoy segura que el bebé también le estaba gritando. Fruncí el ceño, lo miré y lento bajé la mirada hasta la loseta blanca, donde había una mancha de años, me quedé hipnotizada y sin querer recargué mi cabeza en su hombro. Lo hice por costumbre más que por confortarme. Seguía apretando sus dedos a los míos, una y otra vez. Había un silencio profundo en la sala de espera, un silencio incómodo. Me empezó a molestar su respiración y luego el silencio que no ayudaba. Ya se tardaron, dijo entre dientes. ¡¿Y qué, mejor que se tarden?! Volví a gritarle desde adentro, ahogada. No quise levantarme de su hombro, no quería ni verlo, sólo asentí con un quejido. Mis ojos cayeron de nuevo en la mancha, tenía una figura particular: la de un corazón mordido de un lado. Empezó a mover el pie, me seguía apretando los dedos, como marcando un pulso. El silencio crecía, ahora no sólo podía escuchar su respiración, también su latido: ronco, torpe, desagradable. Todo se sumaba, su pie temblando, el pulso de sus dedos sobre los míos, su respiración, su latido, la imagen de su boca chupando su labio inferior, su hombro escuálido, su calor mediocre, la mancha del corazón mordido que me veía. Comencé a odiarlo. ¡Ya, cállate! Volví a arrinconar el grito en el pecho. Señora… Vi salir a la asistente del consultorio, apenas alcance a oírla. Nos toca, amor, todo saldrá bien.

Yobany García Medina (Estado de México, 1988). Escritor, docente e investigador. Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la Facultad de Estudios Superiores Acatlán (UNAM). Maestro en Literatura Mexicana en la UNAM. Ha publicado en múltiples revistas y antologías, nacionales e internacionales, tanto creación como investigación.

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