
Antes de retomar…
¡Taco-postconcierto está de regreso!
TACO POSTCONCIERTOFRAGMENTOS
Héctor Sapiña Flores / México
5/28/20263 min read


Antes de retomar…
Definamos el taco posconcierto en un bocado:
1. ¿Qué es?
Cualquier taco que uno se echa después de romper la rutina a través de…
a) un juego
b) una experiencia ritual
c) una fiesta
d) la más jugosita: la recepción artística.
2. Por recepción artística no quiero decir “bellas artes canónicas y galardónicas”. (¡Ya es el siglo XXI, por Dios!)
Dicho en un trago:
El arte como un dispositivo diseñado para moldear la experiencia dentro de un marco al que uno ingresa por puro gusto. (O a veces por susto.)
3. El taco posconcierto es la digestión de esa experiencia. También la restauración. Porque, cuando uno se toma en serio la recepción artística, invierte demasiada estamina. Hay que recuperarla.
4. En nuestro tiempo, el fan es el sujeto idóneo para observar, comprender y hacer laboratorio de las implicaciones del taco posconcierto.
En esta columna aparecen fragmentos de esas (auto)observaciones. Notas de campo. Viñetillas de un fan en la frontera (simbólica y más o menos física) del sur global con el norte.
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La última vez dijimos que en Latinoamérica la devoción del fan adquiere tintes religiosos.
“Si nadie se queja de hacer fila para ver a la Virgencita en la Basílica, ¿por qué habría de quejarme de hacer 4 horas en el transporte para ir al concierto?”
Hace poco el army de BTS le sumó 6 horas a mi estimado. Y algunas seguidoras (incluyendo incómodamente a la presidenta mexicana) ni siquiera tenían boletos. Varias sólo estaban ahí afuera del estadio, abajo del sol, entregando su cuerpo a la presencia de los portadores de su Palabra en la tierra propia.
Yo no sé nada de BTS. He escuchado algunas de sus canciones. No entiendo ese contenido. Pero sí he experimentado la forma que adquiere la devoción fan.
↬
Durante décadas se estigmatizó al fan como un sujeto infantil.
Por ahora, no haremos historia. Sólo rescato un dato: el mundo, curiosamente, evolucionó hacia la fanatización de todos los mercados. Actualmente todo opera por nichos. Los fans fueron el prototipo.
¿Eso reivindica a los fans?
Sí y no.
- Sí porque ya no se ve en ellos una patología. Ahora ser fan de algo es una generalidad. (Aun así, hay quienes no alcanzan la devoción y se quedan en el puro consumo superficial.)
- Sí (también) porque… ¿a poco la infantilidad es un rasgo negativo? Subestimar la infancia tiene un sesgo positivista.
- No porque el hecho de que la generalidad del mercado se esté fanatizando no demuestra que sea algo bueno (sería una falacia, ¿no? Los lógicos me corregirán). Simplemente se ha erosionado el estigma.
El matiz real: ser fan de algo no te hace más o menos responsable como espécimen de la humanidad.
No es que ser fan sea sinónimo de inmadurez. Tampoco de madurez.
*De nuevo, cuidado con el sesgo. Digamos, por ahora, “inmadurez” como lo describen las abuelitas: un estado en el que “el chamaco todavía no tiene juicio”.
Dentro del fanatismo se puede crecer.
A mí, el tío Iroh me acompañado desde la adolescencia.
(Para los no iniciados en Avatar: El último maestro aire, el tío Iroh es el arquetipo del viejo sabio en ese universo.)
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Dicho en términos más “acá”:
El estigma que se impuso sobre el fan como una patología desde finales del s. XIX hasta hace relativamente poco proviene de los grupos que dominan (¿dominaban?) la cultura para proteger sus intereses.
El criterio del “buen gusto”, frente al cual los intereses del fan son básicamente una cochinada, no obedecía únicamente a principios estéticos, sino a un código de reconocimiento de clase.
De un tiempo para acá, el “buen gusto” se ha redireccionado.
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Ahora…aquí polemizo con algunas posturas.
La tradición del “buen gusto” a lo bourgeois debe ser destronada definitivamente. PERO eso no implica la destrucción absoluta de los criterios. Es posible advertir mejor calidad en una fanfic sobre otra. Así con cualquier producción.
La diferencia:
El gusto ya no puede venir de cánones impuestos verticalmente o desde el norte hacia el sur.
Cada localidad, cada momento, cada grupo debe reconstruir el sentido del gusto en congruencia con su propia situación y en diálogo con las situaciones ajenas.
Héctor Sapiña Flores: Es escritor, profesor y “postfan”. Obtuvo la maestría en Letras (UNAM) con una investigación sobre ciencia ficción mexicana y es maestrante en Comunicación (UACH). Ganador del 2º lugar en el premio de ensayo sobre una Sociedad Sustentable de la Revista de la Universidad de México. Recientemente publicó la plaquette Crasística y participa en varios proyectos de creación y difusión de la ciencia ficción en México. Miembro de la Sociedad Tolkiendili México, Smial Endisilnor. Redes: FB @hector.sapinaflores / Tiktok @h.sapina28 / IG @hsapina19
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