
Fingir ser personas
Segunda entrega de "Trozos del Mundo" donde la Ciencia ficción, el terror y el humor negro se encuentran en este relato. Una oferta de trabajo, un secuestro y una realidad que resulta mucho más aterradora de lo imaginable.
TROZOS DEL MUNDOCOLUMNAS
Martha Camacho / México
8/8/20265 min read


Oscuro. Está oscuro. Me duele la cabeza como si me encontrara crudo o desvelado de muchos días. De muchos. No sé a dónde mirar.
Hay un tipo moviendo cosas; me da la espalda; alto, gordo, jeans y camiseta blanca. Rapado como milico. Me salto las preguntas de dónde estoy, cómo fue que llegué aquí y por qué estoy atado igual que un tamal con la boca pegada con cinta, aunque puedo respirar bien.
El hombre escucha mis patadas y quejas mudas y me mira sin mirarme porque no puedo verle la cara. Suelta una risita.
—Aliviánate. Ya vendrán por ti.
¿Quiénes vienen o quién vendrá? ¿Es esto una mala historia o una pesadilla? ¿De qué diablos estamos hablando? Se me cierran los ojos. Drogado. Tal vez estoy drogado. Porque no me duelen las ataduras ni las mejillas apretadas por la cinta, pese a que siento sabor a sangre y ausencia de dientes y no sé qué chingada madre sucede; pero esta no es mi casa ni mi cama y, para mal sueño, ya estuvo bueno.
Caminan los pensamientos despacio dentro de mi cráneo, arrastrándose como abejas medio pisadas; vine a pedir empleo, de eso sí estoy seguro.
El fólder con mis documentos está en el piso y ahora sé que voy a valer madre y que la oferta siempre fue falsa. Si este wey no me deja hablar, no hay escape y no tengo voluntad de escapar a la vez. No la tengo.
Es semejante a nadar en agua caliente, porque me siento muy cómodo y amodorrado; una parte de mí quiere gritar y orinarse de puritito pánico. Suena un teléfono y el hombre responde.
—No. No, no hemos cumplido la cuota. ¿Y yo qué quieres que te diga, cabrón? ¿A poco crees que es tan sencillo conseguir niños o mujeres? Ya todos traen el GPS activado en sus celulares y tenemos que andar cambiando de sitio. Sólo tengo dos subproductos y uno ya peló.
Subproductos.
Eso somos.
Así nos llaman; no me pregunten cómo lo sé. Lo sé. Acabo de saberlo.
Respiro muy tranquilo; hay que aprovechar la calma que me da la droga.
Me llamo Jorge. Soy ingeniero, recién graduado. Me presenté a Antibba Enterprising Co., por el puesto de analista. Tengo 26 años y mis calificaciones son excelentes. Vivo solo, acabo de llegar a la ciudad. Mis padres no saben que vine a pedir este empleo, ni mi hermana ni mi ex novia. Nadie sabe. Quería darles la sorpresa y callarlos a todos, porque siempre me han visto como “ese Jorch, el ingenierito”.
—Ya párale. Deja de pensar. Me sacas ronchas.
El tipo me encara; el rostro es absolutamente negro, y sin susto (es la droga) me doy cuenta. No hay rostro. Es una especie de espejo oscuro y se ve como si fuese un agujero negro en la cara, o tiene cara de agujero negro y eso de repente me parece cómico y tengo que aguantarme la risa.
—¿Qué te parece tan chistoso, eh, pendejo?
Me callo. No puedo hablar (mi boca sigue pegada con la cinta) y cuando el monstruo ese la despega de un tirón no siento nada. O sí siento; el tacto en sus dedos es pegajoso y huele mal. A sangre, pero sangre menstrual, ¿y cómo carajos sé que es eso?
—A ver, canta, pajarito. De todas formas no te queda mucho tiempo…
Mi cabeza se ladea sobre la dureza del piso, muy cómodo de momento. Estoy drogado, lo recuerdo ahora. Preguntar dónde estoy o qué está pasando es ocioso.
Vine a pedir trabajo, la oferta era falsa y seguro me secuestraron, y cuando el individuo éste se entere de que no tengo dinero ni familia ni perro que me ladre, me matará y se dará cuenta de que drogarme fue un desperdicio.
—¿Qué es este lugar?
El cara de agujero negro parece sorprenderse; no esperaba esa pregunta. Debe estar muerto de aburrimiento porque responde como esa gente que no tiene a nadie con quien hablar; de filo y seguido.
—Una bodega de subproductos. Aquí es donde los traemos, los seleccionamos, les robamos completo el cromosoma y los duplicamos. Lo que queda es comestible.
Okey. Muy bien. Suena a un pésimo cuento de terror.
—¿Para qué hacen eso?
Me da la espalda de nuevo y la voz, cavernosa (claro, proviene de un agujero que es toda su cara), me explica.
—Invadimos tu trozo de planeta hace 20 rotaciones estelares. Y no debemos detenernos.
Ajá. Ya nada más sigue Llévenme con su líder y de repente no sé quién es el que está drogado o fuera de la realidad. Chingada madre, he leído demasiada ciencia ficción y de la barata.
—¿Y cómo le hacen? —Mi propia voz sin dientes es arrastrada y me quiero morir de risa y llanto.
—Bueno, lo de los anuncios es lo último. Anestesiamos a quienes son responsables; ustedes piensan que es corrupción, pero no. Hemos desaparecido a 135 mil de los tuyos y nadie sospecha. Ah, sí, las madres y los padres. Pero hasta eso son pocos. Son la especie más fácil de asimilar y comer que hemos hallado.
Comer. Hum. ¿Van a comerme? El tipo responde aunque no hablé.
—No. No hacemos eso. Tomamos tus conocimientos, tu información genética y creamos dos o tres como tú. Pero pues eso te va a dejar medio deshecho y esos restos sí son comestibles. Si a tu gente le importas, te buscarán. Si no, nadie hará caso. Nunca lo hacen. Están tan asustados que no saben cómo actuar. Y cuando alguno de ustedes escapa, ¿quién va a creerles?
Ahora entiendo por qué la droga funciona en mí como funciona. No puedo perder la conciencia porque no le sirvo inconsciente y no debo estar asustado. Un químico selectivo muy específico. Muy específico. Repito las palabras una y otra vez. Estoy drogado.
—Fingen.
El cara de agujero parece sonreír.
—Fingir ser personas. Eso hacemos.
Lo dejo acercarse, cuchillo en mano, dispuesto a destriparme sin dolor ni pena, en silencio y calma.
Bueno, este terrano, éste humano miserable y torpe, quien no siente dolor por ahora y está consciente y drogado tiene un tubo en sus manos a la espalda y se ha desatado y no morirá fácilmente.
No, no será fácil.
Martha Elisa Camacho Alcázar (Zacapu, Michoacán, octubre 26 de 1963). Premio Nacional de Cuento 'Efraín Huerta' 1990. Algunas menciones honoríficas que no me acuerdo. Cuentos publicados en Asimov Ciencia Ficción en Español y en varias antologías del género, así como en las revistas Espejo Humeante, Fanzine Delfos, Colectivero, Anapoyesis, y miembro activo del Gran Colisionador de Textos Especulativos desde 2021 y de la Tertulia de Ciencia Ficción de la Ciudad de México desde 2019. Miembro del Club Star Trek México Base Aztlán, USS Carroll, USS Erasmus, Capitán.
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