Hay canciones que…

¡Llega Taco-postcierto con una nueva entrega! Esta vez sobre canciones que se quedan dormidas en algún rincón de la memoria, esperando el momento preciso para volver a sonar...¿saben qué? ¡Mejor entren a leer!

COLUMNASTACO POSTCONCIERTO

Héctor Sapiña Flores / México

11/8/20264 min read

Hay canciones que…

Hay una canción (no diré el nombre) que definió mis expectativas sobre el amor a los 3 años (para que cada quién piense en su canción).

Si uno se interesa en el amor a esa edad, puede imaginar cualquier babosada sobre lienzo blanco y será la cosa más pura que exista. La más deseable. El amor a los 3 años es lo que la utopía a los 40.

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En un documental, Smokey Robinson comenta que, cuando escuchó al Michael Jackson de 5 años cantar “Who's Lovin' You”, se desilusionó muchísimo: ¿cómo un niño de esa edad podía ejecutar tan dolorosamente una canción de desamor sin tener idea del sufrimiento que lo había conducido a componerla?

Lo cual abre una pregunta interesantísima: en cuestión de creación y/o ejecución artística, ¿la técnica tiene mayor peso que la experiencia?

Pregunta que reservaré para otro momento porque aquí estoy con un diario de intimidades y no da tiempo de cavilar o, en otros términos, mamadear.

Aunque… ahora que lo pienso… el asunto quizá vaya por el mismo lado…

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La canción, decía, me llegó en la infancia temprana, cuando no tenía yo ni idea del amor de pareja. A esa edad uno espera que el amor sea chulo y bonito y no sabe la zarandeada que le espera.

(Seguro habrá otros factores que dieron forma a mi concepto temprano del amor ‒roles de género, de canela y demás‒, pero al parecer éste se me fijó bastante. De hecho, se me presenta más como una serie de sensaciones que como un concepto en sí.)

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La canción suena a todo volumen en la escena de una película cargada de nostalgia. Una de esas comedias gringas que rememoran la pubertad en los suburbios de los 60, al estilo de Los años maravillosos.

Dada mi disputa interna con la agringación, pasé un par de lustros ignorando ese tipo de contenidos (a excepción, claro, de un volumen de clásicos personales ‒como Harry Potter‒ a los que no estoy dispuesto a renunciar a sabiendas de que son…lo que son). Así que la imagen y el sonido quedaron bien enterrados en mi memoria.

Hasta que, por ahí del 2019, me dio por redescubrir la música doo wop y, de pronto, cual fotografía que brota sin buscarla en medio de algún cacharro viejo, se me apareció.

Vino a mi mente la escena de la película…aunque no recordaba casi nada.

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Con el descubrimiento busqué la escena y pasa esto:

Un niño…o más bien…un puberto efervescente de hormonas, desesperado por besar a una joven unos años más grande que él, finge ahogarse en una alberca para que le dé respiración boca a boca y, entonces, el muy pillo, le planta un beso. (Sí, la pasan en Azteca los domingos.)

Seguramente la funaron en algún momento. Y no, antes de que me funen a mí: no me refiero a eso con mi “primer concepto” del amor; ni me acordaba del asunto no consensuado. Lo importante es lo otro…

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Como no tengo buena memoria, lo que se me grabó fue una secuencia de emociones ligadas a luces y ritmos auditivos…la impresión que deja el montaje fílmico en la mente de un niño:

Las emociones pasan del suspenso al chiste. Como se trata de una travesura de niño transformada en iniciación adolescente, se construye así:

riesgo > valentía > transgresión > carcajada > contemplación

Así la traigo metida en la cabeza, pero no en forma de palabras; sin figuras claras. Puras luces y atmósfera sonora. Ese subeybaja narrativo se volvió en mi cabeza el significado del amor. No los actos, ni los personajes, ni la escena entendida como una historia. Solo la secuencia de cambios cardiacos y gestos en la cabeza. Supongo que podríamos ponerle nombres: las proezas y crueldades del amor romántico, sentidas de verdad en el momento, pero rematadas por la risa al final. Como Tiempos modernos de Chaplin. Pero no…en mi cabeza el amor se volvió una canción que uno escucha sin ponerle atención a la letra.

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Las risas encueran cualquier pretensión de pensar que nuestros dramas son demasiado importantes. Hay una ley amorosa que aprendí entonces y ahora puedo formular:

Si, al final del drama, la risa supera a la tragedia, el amor ha adoptado la forma de la ternura.

O de otra manera:

Si se desnuda a la tragedia amorosa con risa y los involucrados permanecen unidos, se alcanza la ternura, que es la forma más pura de estar juntos contra el mundo.

No logro formularla sin caer en la cursilería. Qué difícil (y mis respetos para quienes lo hacen) es escribir en la cuerda floja del sentimiento.

¿Alguien acaso está sintiendo bonito (o sintiendo cualquier cosa) con estos renglones que les robé de tiempo?

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Y mientras rememoro la escena caigo en cuenta de algo más.En ese momento de la película aparece la voz en off de un narrador, el protagonista ya en su vida adulta. Como es típico, hace una reflexión sobre lo que significó ese momento en la vida de él y sus amigos, luego adelanta un poco de lo que vendrá, etc. Su voz funciona como transición para cerrar el tercer acto de la película. Como diciendo: ahora sí ya se acaban las aventuras cotidianas y viene la aventura definitiva.

Más allá de la idea del amor, creo que ahí aprendí que se puede tener una voz detrás de la cabeza. Una que interpreta lo que está pasando.

Caigo en cuenta de que, tal vez, esa película fue la primera en darme ganas de escribir para explicarme qué diablos está pasando aquí frente a mi cara.

Lo malo es que todavía no sabía escribir.


Héctor Sapiña Flores: Es escritor, profesor y “postfan”. Obtuvo la maestría en Letras (UNAM) con una investigación sobre ciencia ficción mexicana y es maestrante en Comunicación (UACH). Ganador del 2º lugar en el premio de ensayo sobre una Sociedad Sustentable de la Revista de la Universidad de México. Recientemente publicó la plaquette Crasística y participa en varios proyectos de creación y difusión de la ciencia ficción en México. Miembro de la Sociedad Tolkiendili México, Smial Endisilnor. Redes: FB @hector.sapinaflores / Tiktok @h.sapina28 / IG @hsapina19

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