Verónica

Este es una historia sobre el abandono y las heridas que puede dejar una separación impuesta. ⚠️ Advertencia de contenido: este cuento aborda el suicidio, la depresión y el abandono familiar. Se recomienda discreción al leerlo.

LOS OLVIDADOS

Erika López / México (Chiapas)

9/10/20263 min read

Mi padre me regaló con una familia a quienes llamé tíos. Los primeros rayos del sol iluminan la ciudad. Suspiro con dificultad al recordar la pregunta que hizo mi nieta en la cena de navidad: “¿Abuela que hacías de niña?”, toda la familia quedo callada, ignoré su pregunta.

Vivíamos en una zona montañosa, las nubes se posaban en las casas mezclándose con el humo de leña. Los rayos del sol iluminaban los campos de maíz que se expandían por todo el sembradío de calabazas y frijoles. La casa de mis tíos no era bonita como la mia. Todos dormían en habitaciones de concreto, menos yo. Era una casa de madera cerca del baño. No había luz y en las noches hacía frío. Aprendí a no temerle la oscuridad.

Me acostumbre al mal trato de la familia, menos una: Luci, fue una madre para mí. Me enseñó a hacer tortillas, a hacer fuego con leña y abordar para que luego se vendiera en otras comunidades. Cuando Luci cumplió los quince años la casaron con un hombre mayor a cambio de una hectárea de tierra. Mi tío Ángel jugaba barajas y para recuperar su terreno vendió a Luci. Fue un domingo cuando entró aquel hombre viejo a pedir la mano de Luci; sentí una opresión en mi pecho, me dolía el corazón. Pensé que se llevarían a Luci en un costal, así como hicieron conmigo, su madre entró casi gritando, cuando lavaba el pollo para la comida:

— Verónica, un costal, no, dos costales. Porque es muy grande no va a caber.

Mi cara se puso pálida. Y la vi, ahí estaba Luci sentada al lado del que sería su marido.Estaba callada viendo al suelo. Luego, vi los grandes elotes recién cortados en cubetas y cuando quise preguntar, mi tía jaló mi cabello diciendo: “Esto no se hará sólo niña”. Y con lágrimas en los ojos empecé a meter los elotes al costal. El último recuerdo de Luci fueron sus manos suaves tocando mi cabello antes de irse. No habló, tampoco lloró.

Sin Luci, todo cambio. Conocí al diablo en persona: mi primo. Tocaba mi puerta en las noches, luego, me buscaba con las pastoras diciendo que su madre quería que le ayudara a hacer tortilla, pero lo que cambio fue en noche buena. Ese día él se emborrachó con mi tío, yo como siempre me quedé limpiando la cocina, luego fui a mi cuarto y ahí estaba él sentado en la cama, no fue necesario que encendiera la vela, nos iluminó los fuegos artificiales que marcaban las doce de la noche. Nadie escuchó mis gritos, ni cuando se fue.

Cumplí los dieciséis años, era navidad otra vez, dejé limpia la cocina, y con el pretexto de ir al baño corrí hacia el monte, ya no podía tolerar al hijo de esos señores, ya no eran mis tíos. Menos Luci, ella fue quien me ayudó a escapar, después de seis años, volvió a su casa. Su marido había fallecido dejándola con tres hijos. Ese día estaba lavando pollo, su hermano me había robado un beso mordiendo mi labio. Pero no dije nada, aprendí a callar y no llorar. Su madre sabía que su hijo me violaba aun casado. Luci me preguntó que me había pasado, toco mi labio con demasiado cuidado. Y tocando mis hombros exigía saber que había pasado. Tenía miedo de su reacción, así que llorando le dije:

— Mario.

Se derrumbó a mis pies llorando y pidiendo perdón. Su madre nunca preguntó qué había pasado, prefería ignorar y jugar con sus nietos. Los recuerdos se han quedado plasmados en mis manos por tanto tiempo arando la tierra, mi cuerpo se hizo fuerte como los arboles robustos, y mi visión tan clara como el agua del rio.

Todos los días miro el reflejo de mi rostro por la venta. No tuve recuerdos bonitos, no reí.No fui a la escuela. Mis nietos han crecido de diferente forma, en ocasiones envidio susrisas y su fuerza de juventud. Ellos piensan que tuve una vida interesante.

Solo soy una mujer con recuerdos a punto de suicidarse.

Erika López, originaria de Chiapas, México. Fue becaria de Laboratorio en Movimiento (2022–2023), bajo la guía de Diego Rojas y Alejandro Aldana Sellschop. Participó en el Taller de Creación Literaria Punto y Coma (2024–2025), con Angelina Suyul, Edmundo Cordero, Rosy Vásquez y Amado Salazar, y en Yaelom K’ok’ actualmente.

Arte que inspira, literatura que transforma

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